HISTORIA DE QUINTO

Historia 2018-06-26T16:52:23+00:00

Quinto debe su nombre y fundación a los romanos, y en concreto al quinto miliario de la vía romana Celsa-Caesaraugusta. Desde esa época Quinto ha sido uno de los pueblos más importantes de la comarca, siendo hoy su capital administrativa.

En la Edad Media convivieron en sus calles cristianos, judíos y musulmanes. Buena prueba de ello es su antigua Iglesia de la Asunción (declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001) en el paraje denominado “Cerro de la Corona” y conocido popularmente como “el Piquete”. Construida en el s. XV en estilo mudéjar, se levanta majestuosa en la parte más alta del pueblo, dominando todo el caserío. Los trabajos de restauración de la iglesia han sacado a la luz decenas de enterramientos con cuerpos del siglo XVIII momificados, algunos de los cuales serán expuestos en el Museo de Momias ubicado en el mismo lugar.

Un agradable paseo por su sinuoso urbanismo de origen morisco transporta al caminante a otras épocas en las que la convivencia de varias culturas estaba a la orden del día.

Lo más singular son sus portales: san Roque, san Antón y san Miguel. De origen medieval, su misión era controlar el acceso a la localidad. En su parte alta disponen de una capilla dedicada a un santo al que los vecinos encomendaban la seguridad de la villa.

En su paseo no podemos dejar de visitar la “Casa del Cura”, que es uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil renacentista de la comarca, construido en 1581 por encargo de Agustín Porroche, rector de la Iglesia de Quinto.

Ya en el exterior del casco urbano, merece la pena acercarse a las ermitas de Nuestra Señora de Bonastre y Nuestra Señora de Matamala desde las que podremos contemplar unas bellas vistas.

No debemos olvidar las tradiciones populares que inundan Quinto, y entre ellas su dance, elemento singular e identitario, recuperado en los años 80 gracias al trabajo desinteresado de algunos vecinos.

Al piadoso y devoto caminante le interesará conocer que en esta villa confluyen los dos ramales del Camino Jacobeo del Ebro. Aquí el camino se hace único hasta conectar en Logroño con el Camino Real Francés.